Una sociedad adictiva

Y os preguntareis, ¿qué tiene que ver este la Sociedad Adictiva con la Odontología?.
Yo también me lo pregunto, pero avancemos y veamos si en algún punto convergen.

juego

Ahora las mañanas las paso trabajando en una unidad de tratamiento de adicciones llamadas “legales” entre las que se tratan el alcohol, los analgésicos, los tranquilizantes y/o sedantes, el juego y las apuestas, internet, sexo, comida compras, etc. Se llaman «legales» en oposición a las «ilegales» que son el cannabis, la cocaína, heroína, drogas de diseño y demás cortejo de sustancias. En mi opinión da igual esa diferencia ya que, sean legales o ilegales, tienen un denominador común: que son usadas y consumidas como “alteradores del estado de animo” de la persona que las consume o que las hace.

¿Y cómo es posible que jugar/apostar, o comer, o trabajar, o salir de compras, sean adicciones?

Comer, trabajar o el sexo son actividades normales, al igual que comprar, o apostar o tomar una cerveza y entones ¿cuando se convierten en adicción?. Cuando seguimos haciéndolo aunque ya no sea saludable y cada vez necesitamos más actividad o más cantidad para lograr el efecto que buscamos: “alterar nuestro estado de animo”. Seguimos comiendo cuando ya estamos hinchados, seguimos bebiendo alcohol cuando ya estamos ebrios, seguimos trabajando cuando nuestra familia se queda esperándonos, seguimos jugando cuando nuestra tarjeta de crédito no tiene saldo, seguimos comprando cuando ya ni sabemos que hacer con ello, o seguimos “ligando” cuando ya ni somos capaces de recordar el nombre del ultimo “ligue”… y así hasta el infinito, hasta reventarnos a nosotros mismos, a los que nos rodean o a ambos: nosotros y los que nos rodean.
En el tiempo que llevo en este trabajo me han hablado de familias arruinadas por jugadores compulsivos patológicos, consumidores de alcohol que acaban durmiendo en un cajero o en urgencias del hospital, los adictos al sexo que no dan la cara y lo llevan en secreto, y los compradores o comilones compulsivos que a veces no se detectan. Los que se dan atracones de comida, actualmente, acuden a otros centros de trastornos de alimentación, y no vienen donde yo trabajo.
No se trata sólo de individuos que sienten malestar porque son “ bichos raros “ o excepciones de la “sociedad del bienestar”, se trata de una sociedad que nos exige ser guapos, inteligentes, delgados, deportivos, exitosos y un etcétera interminable de estar siempre por encima de lo que somos haciéndonos creer que estamos por debajo de lo que se espera de nosotros, de lo que los otros consiguen y nosotros no. ¿Qué sociedad es esta que nos crea este enorme malestar con nosotros mismos? Y así nos pasamos horas trabajando, practicando deporte, comprando en centros comerciales, bebiendo, tomando medicamentos: ¡Lo que sea! La sustancia o la actividad que sea que nos esclaviza para sentirnos mejor, alterarnos el estado de ánimo y animarnos.

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¿Alguna vez os habéis dicho: “me voy a tomar una cañita a ver si me animo” o «me voy de compras para animarme un poco» o «me voy al gimnasio a ver si me espabilo»? ¡Pero no sois adictos por eso, ojo!
Cuando tomar la copa o comprar o comer o jugar o trabajar, se experimenta como una necesidad imperiosa, irresistible e imposible de aplazar o renunciar, es momento para empezar a tomar medidas y preguntaros: ¿Qué me está pasando?

¿Cada vez necesito más? ¿Me está perjudicando y sigo haciéndolo? ¿Me lo dicen las personas de mi familia y me da igual? “Lo llevo en secreto y así no se enteran y yo solo lo solucionaré”. Haceos estas preguntas y responderos con la verdad.

¿Cómo se relaciona pues con la clínica dental?

Pues los trastornos alimentarios a veces se detectan por abrasiones dentarias inexplicables o por un deseo desmesurado de tener los dientes muy blancos, muy «perfectos», o por un aliento enólico que denota posible problema de alcoholismo, o por caries recurrentes producidas por un consumo adictivo de azúcar o bebidas azucaradas. La Clínica Dental puede ser un lugar privilegiado para detectar algunas conductas y comportamientos adictivos y los profesionales que en ellas trabajan, de una manera amable, deben abrir un dialogo y estar atentos al paciente vulnerable.
No aprovecharse del paciente que se quiere hacer un tratamiento innecesario para tener los dientes más blancos o más perfectos, cuando es obvio que no es lo adecuado para el o ella, y entablar una relación de confianza que favorezca escuchar sus motivaciones más profundas y no usar su necesidad de mejorar su malestar consigo mismo en beneficio económico nuestro, haciendo tratamientos “ilusorios”.

Libro

Como datos y cifras os cuento que: «las tres cuartas partes de los consumidores de cocaína que llamaron a un servicio de asistencia telefónica utilizaban la droga en horas de trabajo, y una cuarta parte de ellos lo hacían a diario. Algunos adictos de estos enseñan a nuestros hijos, o arreglan nuestros coches, o dirigen nuestro gobierno o realizan tareas de cuya correcta ejecución dependemos., conducen trenes , aviones, autocares y automóviles. Tres de cada cuatro hogares serán objeto de robos en los próximos veinte años…doscientos mil millones de dólares se escurren de nuestra economía cada año por perdida de productividad del trabajo, atención medica relacionada con las adicciones y la actividad delictiva”.
Datos obtenidos del libro de Arnold M.Watson y Donna Boundy titulado “ Querer no es poder” editorial Paidos

Si esto que digo te resuena, no dejes pasar ni un minuto más… ¡¡ponte en marcha ya!! Cuéntanos tu experiencia con un comentario justo debajo.

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