El paciente activo

Dentro de la tendencia general hacia un consumo responsable, cada día, el paciente odontológico se va implicando más en su tratamiento, se va volviendo más participativo, más activo en la toma de decisiones.

Y esto es positivo. Un paciente activo está más motivado, es más colaborador y más capaz de adoptar las decisiones idóneas de tratamiento, de continuarlo sin abandonar y, cuando éste ha terminado, seguir el programa de revisiones adecuado y mantener así su salud oral a largo plazo.

La comunicación entre el odontólogo y el paciente es la base de esta participación.

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los pacientes quieren saber

Actualmente, el público dispone de mayor información y educación en temas de Salud. Los pacientes cada día son más pacientes informados: quieren conocer su problema, las posibilidades de tratamiento, el pronóstico y el mantenimiento de su boca sana.

El paciente tradicional no quería saber mucho. La confianza, base del acto médico, se desprendía directamente del marco paternalista de la relación. El paciente delegaba la responsabilidad total en el odontólogo, que tomaba todas las decisiones.

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Pero cada vez más, los pacientes vienen ya con una cierta cultura dental desde Internet y sus preguntas son ya instruidas. Por ello, se hace cada vez más importante explicar a fondo el diagnóstico y tratamiento, con las posibles complicaciones que puedan producirse. Y muchas veces, esa cultura dental adquirida en la Red, conlleva malas interpretaciones, conceptos erróneos e ideas engañosas o mal fundamentadas, que debemos enderezar. Responder al reto que plantea este paciente informado, significa resolver todas sus dudas, incluso previniendo aquéllas que pudieran surgirle más adelante en el proceso. De este modo se le posibilita que aprenda sobre su Salud buco-dental desde el principio.

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y los odontólogos, ¿están preparados?

Para el odontólogo, esto significa dedicar tiempo y energía a informar, a comunicarse con los pacientes. Esta comunicación se basa en:

  • Una actitud abierta a la persona del paciente, una dedicación al establecimiento de un diálogo de confianza. Conocer a la persona es clave para poder personalizar el caso clínico. Sólo así podrá singularizarse la propuesta y desarrollo del tratamiento.
  • Unas habilidades sociales, que a menudo es necesario aprender y desarrollar: la capacidad de empatía, para ponerse en el lugar del paciente; el lenguaje común con él, traduciendo los tecnicismos a palabras llanas y comprensibles. Si ambas partes no entienden lo mismo, puede haber conversación, incluso trasvase de información, pero no hay comunicación real.

No todos los profesionales tenemos esta disposición emocional frente al paciente, ni el tiempo ni las ganas de explicar, ni las habilidades para hacerlo adecuadamente. En muchas clínicas, es una auxiliar o la recepcionista, la que toma las riendas de esta comunicación. Y su papel también es importante, pero no sustituye a la comunicación con el odontólogo, lo complementa.

 

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el paciente y la Web 2.0

Nuestra relación con la información se ha transformado. Hace menos de dos décadas, el que tenía algo de información podía considerarse un privilegiado. Hoy, el acceso es fácil, pero la cantidad de información es enorme y crece exponencialmente, desbordando todo límite. El objetivo no es ya conseguir información, sino discriminar entre la montaña de datos y testimonios, interpretarlos y poder extraer conclusiones válidas de ellos.

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Hay un tipo de paciente que recoge la información de Internet y utiliza las Redes Sociales para sus decisiones de tratamiento. Se trata de un paciente muy informado, pero a la vez muy expuesto a la desinformación. El problema es que puede venir demandando directamente un tratamiento determinado, aunque no sea el más apropiado para su caso. Puede correr el riesgo de anteponer unas impresiones fraguadas en el torbellino de datos de la Red, al criterio del profesional.

Este tipo de paciente requiere una comunicación muy completa para adecuar sus informaciones a sus datos diagnósticos. Es un paciente que agradecería por ejemplo la posibilidad de contacto con la Clínica por estos mismos medios: disponiendo del email del odontólogo o incluso a través de Whatsapp directamente con el doctor. Podemos estar seguros que la Web 2.0 va a cambiar nuestra relación con los pacientes.

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el verdadero consentimiento informado

El consentimiento informado es ya algo habitual, un requisito legal previo a cualquier tipo de intervención o prueba algo que el paciente está acostumbrado a firmar, sin casi leerlo. Un documento así es un mero trámite que no sirve para proteger a nadie. Aunque esté firmado, ningún juez va a considerar un simple papel estándar a la hora de eximir responsabilidades por complicaciones o fracasos del tratamiento.

Al contrario, un paciente satisfecho con la información que se ha transmitido, va a tener mucha más capacidad de corresponsabilizarse con su tratamiento, incluyendo la complicación o el fracaso. El mantenimiento de una relación de comunicación y confianza entre paciente y dentista es el verdadero consentimiento informado, del cual el papel firmado no es más que una mera constancia documental. Es muy importante no confundir ambos términos.

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