La eficacia de los antibióticos contra las infecciones bacterianas está cambiando. Desde el descubrimiento de la penicilina en 1929 por Alexander Fleming, millones y millones de vidas se han salvado gracias a los antibióticos. La “etapa dorada” de los antibióticos puede situarse desde la Segunda Guerra Mundial hasta el fin del siglo XX. En estos 50 años, el éxito del tratamiento antibiótico ha sido tan extraordinario que hemos llegado a creer que el riesgo de infección bacteriana estaba prácticamente superado.

Cristalografía radiográfica de proteínas

En estas décadas, los avances en biología han permitido comprender mejor los mecanismos de acción, la cristalografía por rayos X ha permitido penetrar en la estructura de la molécula y la síntesis química ha mejorado el control de su actividad. Basándose en estos avances, las farmacéuticas se lanzaron a una profusa investigación empírica sobre centenares de miles de moléculas, dando lugar a los medicamentos modernos. Junto a ellos, y como protagonista de excepción, los antibióticos han ayudado a mejorar la salud y la expectativa de vida de la población mundial. En 1900, 1 de cada 3 muertes se debía a enfermedades infecciosas; en 2000, sólo 1 de cada 25 según escribe la profesora Sonia Contera en su libro “Nano comes to life“.

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Pero eso está tocando a su fin. Los antibióticos muestran cada vez menor efecto y el riesgo de infecciones resistentes a ellos es cada vez mayor.

Hay dos razones que explican complementariamente esta situación:
Por un lado, y desde el principio de la evolución, los gérmenes tienen mecanismos de intercambio genético entre ellos que, gracias a la selección natural, globalizan a toda la comunidad microbiana aquellas funciones que se han demostrado eficaces para la supervivencia.

Por otro lado, el uso masivo e indiscriminado de los antibióticos durante décadas, no sólo médico sino también veterinario e industrial, ha creado un desequilibrio ecológico, quedando seleccionadas las bacterias resistentes a ellos.

Según todos los expertos, las consecuencias son graves en morbilidad y mortalidad. La OMS declaró “el fin de la medicina tal como la conocemos” y la ONU organizó en 2016 una sesión con el título “la resistencia a los antibióticos, la mayor amenaza a la medicina actual”.

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¿Qué se debería hacer para contrarrestar este problema?

Necesitamos en primer lugar, regulación. El uso de antibióticos a todos los niveles debe estar correctamente prescrito y su polución en el ambiente controlada.
Necesitamos también educación sobre este tema, tanto para profesionales como para el público en general.
Necesitamos incentivar de nuevo la investigación farmacéutica sobre nuevos antibióticos, que cada vez es más costosa y menos rentable, pues el uso es más restringido.

En este sentido, la eclosión de la nanotecnología representa una nueva forma de elaborar fármacos anti-infecciosos para vencer los mecanismos químicos de la resistencia bacteriana. Los primeros resultados son muy prometedores.